La acuicultura no es anécdota

2015 emerge como un año en que reputados chefs, como Ángel León (y su
extraordinario programa “El chef del mar”) o
Diego Gallegos (en el curioso documental “Eres lo que comes”) se
están acercando a la acuicultura de una forma natural, como lo harían con
cualquier otro producto agroalimentario, entiéndase por este concepto todo
aquello que tenga que ver con la intervención humana para mejorar el proceso
productivo, garantizar la salubridad de los productos y sobre todo el respeto
por el medio.


Reconozco y valoro lo que están haciendo. Desde un punto de vista
promocional y de acercamiento del conocimiento de lo que es nuestra actividad
al ciudadano tiene un valor que trasciende mucho más allá de cualquier campaña
gubernamental o sectorial, por bien dirigida y hecha que esté, como por ejemplo
la campaña Crianza de nuestros mares o Inseparables, cuesta que llegue al consumidor, es decir a
todos nosotros.

  

Digo que lo reconozco y valoro. Pero siento que se está mostrando sólo una pequeña
parte de la acuicultura. Se está mostrando la acuicultura “que gusta” o que
“nos gustaría ver”, no directamente aquella que representa más del 95% de la
producción de este país (excluyendo el mejillón de Galicia que es un mundo
aparte).


Noto a faltar ese 95% que hace referencia a los productores de dorada,
lubina, rodaballo, lenguado, anguila, corvina, trucha, esturión, tenca, besugo,
ostras, almejas… y microalgas que se produce de una forma intensiva y con
niveles tecnológicos elevados y que tal vez escapan a lo que podría considerarse
como “sostenible”. Creo que más bien se confunde con “deseable” ya que aunque
es en el mar o en nuestros ríos no es cómo la naturaleza ha hecho desde
siempre. Esto mal explicado confunde.


Y es así, por que el término sostenibilidad, mal usado, hace daño. Hace
daño porque tiene la tendencia a evitar explicar todo el proceso y dejar de
lado el hecho, esencial, que la producción primaria es con mucho el 25-30% del
valor de esta industria. Ojalá fuese mucho más, ojalá fuese tanto como el 50%. Detrás
tenemos empresas especializadas en la construcción de instalaciones y jaulas,
barcos y unidades de apoyo a los acuicultores, productores de alimento,
valedores de la salud de los animales mediante la fabricación de vacunas y
complementos nutricionales que mejoran las dietas. Hay servicios especializados
de expertos veterinarios y consultores, analistas, expertos en software de
producción y gestión. Ah, y tenemos una industria del conocimiento muy potente,
mermada en los últimos años por la situación de crisis y abandono que sea hace
de la innovación, pero potente en definitiva. Tanto como para no abandonarla.


Estamos en un momento en el que las balanzas comerciales de productos del mar han empeorado por un
importante aumento de las importaciones. El pescado sigue siendo esencial en
nuestra dieta, pero no parece que el pescado de acuicultura se considere más
allá de lo que tradicionalmente viene siendo. Seguro que es cierto todo lo que
los expertos del sector dicen y que los subsidios ilegales
hacen mucho daño, que todo son dificultades administrativas, que falta
comunicación y que no nos sabemos vender.


No he visto todos los programas del “Chef del mar”, por ejemplo, y tal vez
en alguno de ellos explique y presente con la pasión que lo hace lo
maravillosos que son los productos del mar… procedentes de la acuicultura que
da empleo a más de 20.000 personas en nuestro país (no sé bien, bien, si la cifra es
cierta ya que las estadísticas son difíciles de entender, pero lo que es cierto
es que son muchas y muchas más que podrían ser) y que estos productos son sanos
y saludables porque hay una gran industria detrás. Está bien mostrar los
criaderos y la reproducción de estas especies, pero también debería mostrarse
cómo se fabrica el alimento y los productos que se usan, la estricta calidad y
compromiso
, la fabricación de vacunas y productos sanitarios que garantizan
la vida de los animales y cómo es el día a día en una jaula del mediterráneo
español, por ejemplo, para llegar, un día, a las 4 de la mañana y pescar lo que
unos horas después podemos encontrar en el supermercado. Tal bueno como el
mejor de los productos del mar.


Qué programazo saldría, qué valor tan extraordinario y sobre todo que
inyección de confianza en el consumidor, porque la acuicultura no es una
anécdota, proporciona más del 50% de os productos del mar que consumimos, sólo
que ni lo sabemos.


Bueno. Sí que lo sabemos, pero ¿cómo se explica al consumidor que
efectivamente es una actividad sostenible? Señores “chef de los mares”
ayúdennos a hacer realidad este documento: Science for Evironment Policy.
Future Brief: Sustainable Aquaculture. June 2015. European Commision.


(…) In some cases, aquaculture may have positive
effects on nature and water quality, and it has been suggested that certain
types of farming could help meet the goals of environmental legislation. The importance
for the industry of water quality in the wider environment is also considered. (…).


(…) As the sector expands further, it must consider how
to continually improve its environmental sustainability: this is essential to
the long-term economic sustainability of aquaculture as well as to our food
security.


Scientific evidence must continue to play a central role
in this industry, informing best practice. Ongoing applied scientific research
is needed to develop practical solutions to environmental problems. (…).

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