El pecado de la acuicultura mediterránea

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Sito Padrós
juega con la provocación y no deja indiferentes a quienes acuden a escucharle.
La sanidad es uno de los retos acuícolas que levanta más pasiones. Por muchas
razones, pero principalmente por la extraordinaria importancia económica que
tiene en la actividad.


1.  
La gestión sanitaria personalizada es la clave. Una salud a medida
sustentada en tres principios: racionalidad, proactividad y sinergia.
2.  
Los sistemas productivos son complejos, variados y cambiantes. La
evaluación de riesgos debe adaptarse a estas circunstancias. Deben evolucionar,
incluso, las compañías aseguradoras.
3.  
La sistemática de los procesos, protocolos y productos es el eje
de una bioseguridad inteligente, que debe incorporar acciones imaginativas y
audaces. Falta agilidad.
4.  
La monitorización de la calidad y la salud es la clave de los
planes de gestión integrados, pero deben ir acompañados de un diagnóstico
precoz y preciso.
5.  
Nos olvidamos con excesiva facilidad de la resiliencia de los
animales, tanto propia (genética) que es posible adquirir mediante líneas
específicas y adaptadas, como la adquirida a través de una nutrición enfocada a
la salud.
6.  
Sin la optimización de la protocolización terapéutica, no seremos
capaces de avanzar. Se impone el control de las variables clínicas de los
diversos grupos de animales, la metafilaxia.
7.  
No podemos olvidarnos de la interconexión con la salud humana y el
medio ambiente, “the one health” no es una corriente, es el concepto que engloba
la máxima sostenible de una actividad respetuosa.
8.  
Hay que buscar sinergias potenciadoras. No basta con planificar,
hay que hacer.
9.  
La bioseguridad es un seguro de cambio para las empresas acuícolas
y deben apoyarse en las aplicaciones inteligentes que apoyan y ayudan en la
toma de decisiones.
10.               
Hay que asumir responsabilidades. Del error se aprende y de la
ocultación y la negación del error se muere.


Para Sito Padrós, la clave de la sanidad acuícola mediterránea
está en la forma en la que aceptamos el pecado. Si fuéramos luteranos…

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