Anumerismo

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Ilustración; No Equal Susón Aguilera

Resulta curioso cómo, apenas despuntando el siglo XX,
H.G. Wells al hacer referencia dentro de sus ensayos políticos a la estructura
de la sociedad dijo: “Si queremos ciudadanos preparados para la sociedad
tecnológica moderna, debemos enseñarles tres cosas: lectura, escritura y
pensamiento estadístico”. Hace poco más de veinticinco años, otro insigne
matemático, John Allen Paulos, definió esta carencia fenomenológica como
“anumerismo”. Dijo algo más, algo así como que es un tipo de ignorancia que
pueda afectar a personas cultísimas, pero que no saben de matemáticas.


Si rascamos en lo etimológico y nos desplazamos hasta
la griega máthema vemos que nos dice que esto es aprender. Pitagórico concepto.
Pero si rascamos un poco más en realidad hace referencia a todo aquello que se
piensa y aprende. Y si todavía rascamos más, en palabras del profesor Lledó, lo
que se aprende, experimenta, deduce, demuestra y está en contacto con lo
verdadero. Resulta curioso que basta añadir una “s” y la palabra “matemáticas”
es la ostia, porque se colorea con el álgebra, la geometría, el análisis, la
estadística… Así que nos quedaremos con el singular. Y lo es tanto en su
singularidad que cerrando el círculo llegamos hasta Platón quien opinaba que
nadie podía considerarse educado si no tenía conocimientos de matemáticas.



De pequeños, en el colegio, cuando nos
enseñan a leer y escribir nos introducen una pequeña semilla literaria que va creciendo
dentro de nosotros sin darnos cuenta de lo grande que acaba siendo lo que sea
que crezca. Como hay que abonarla con tanta frecuencia dejan de lado el
enseñarnos a pensar desde un punto de vista matemático. Esto genera tales
carencias que hace que nos perdamos en el extraordinario universo de lo
abstracto.


Los acuicultores somos unos ignorantes
incultos que no tenemos ni puñetera idea de lo que es uno más uno. Bueno, tal
vez exagero. Creo que vale la pena explicarlo.


Todo empieza con la sencillez de una
pareja de peces reproductores, por lo general un macho y una hembra. Lo
habitual es que pensemos como vertebrados superiores y por mucho que estiremos
nuestra mente llegamos a ser capaces de imaginarnos camadas de hasta una docena
de descendientes. Una dorada normalita puede llegar a producir hasta cinco
millones de huevos por cada kilo de peso vivo en un periodo de unos dos o tres
meses.


Primera dificultad numérica asociada a
las matemáticas. ¿Cómo cojones configuro un estock de reproductores para
garantizar una producción de cincuenta millones de alevines a lo largo de todo
un año si la supervivencia media final es del quince por ciento?


Respuesta de nuestro anumerismo:
Muchos. Que no sea por peces, vamos. Si hace falta…


Respuesta de un análisis serio: con
extrema dificultad porque hay que tener en cuenta otros muchos imponderables
que no están implícitos en la simplísima operación matemática inversa. Estos
imponderables están relacionados con la distribución de la producción, con la
frecuencia de la puesta, con la particular característica asociada a su
hermafroditismo, con la probabilidad de sufrir accidentes y con el riesgo que
estemos dispuestos a asumir. Y además un veinte por ciento más por si acaso, pero eso sí, que
salgan los números, eh.


Dado el primer paso y envalentonados
por la soltura que hemos adquirido tras tan complejas operaciones no nos da
miedo el siguiente cálculo. ¿Qué pongo en cada tanque, un millón o dos millones
de larvas? Y lo decimos así, casi sin despeinarnos.


Un aparte, yo ni queriendo podría, lo
de despeinarme, digo.


Respuesta de nuestro anumerismo: ¡Dos,
dos millones! Que no sea por peces, vamos. Si hace falta…


¡Ojo! Nótese que ya concretamos y que
hemos pasado del “muchos” a “dos millones”, cosa que es muy meritoria.


Respuesta de un análisis serio: Pues…
depende. Dependerá del tamaño del tanque, de la disponibilidad de los recursos
para llevarlos adelante, de la época del año, de la tensión de la producción
que hay por delante y de la previsión de lo que debe venir por detrás, de lo
formado que esté el equipo y en definitiva de la experiencia y de lo que
hayamos aprendido. Ah, me olvidaba, y de si el primer día de guardia le toca a
Benjamín.


Bien, dos, con un par de coj… Dos
millones quiero decir. Hemos decidido iniciar nuestra producción con dos
millones de larvas. Ahora hay que darles de comer. Sin embargo, resulta que
tenemos un lote de diez tanques idénticos porque como teníamos muchos
reproductores e hicimos los cálculos para que fuese así y así ha sido, de golpe
unos veinte millones de animalitos están a la espera de su primera comida.


Ah, pero ya hemos superado la fase de
incultura e ignorancia, ahora ya sabemos contar, eh.


Así que cuando viene nuestro
responsable de planta y nos pregunta, a traición, porque estas preguntas son
siempre a traición ¿Cuántos millones de rotíferos pido para darles de comer?
¿Cien o doscientos millones?


Aunque lo creíamos controlado y
habíamos conseguido que la semilla literaria se alimentase del nutritivo aporte
proveniente del conocimiento numérico adquirido, nos aparece de golpe el
ramalazo anumérico y, así, sin pensarlo y dejando que salga salvaje:
¡Doscientos millones! Que no sea por rotíferos, vamos. Si hace falta…


Y justo en ese mismo momento, cuando nos
damos cuenta que no es posible, que tenemos que analizar seriamente la
respuesta, que no somos ignorantes, que todo está muy calculado por que hicimos
una análisis serio de las necesidades y que gozando como gozamos del favor
divino, nos damos cuenta que no nos han enseñado a convivir con la
incertidumbre.


¿Qué pasa si le digo que doscientos?
Mañana necesitaré otros tantos o más ¿los tendré? ¿Les dije que íbamos a
empezar con diez tanques o sólo con cinco? ¿Habré hecho bien los cálculos para
los dos millones de larvas? ¿Qué probabilidad tendré de poder llevar toda la
producción adelante? ¿Seguirá Benjamín de guardia?


La realidad de la verdad nos demuestra que no somos capaces de
deducir nada de lo que hemos experimentado y aprendido y dejándonos llevar por
la intuición nos lanzamos a tomar decisiones sabiendo que no sabemos nada,
cartesiana aseveración pero inútil en ese momento, y que estamos condenados a
fracasar de nuevo.


Y justo en ese momento, cuando ya nos
hemos sumido en la búsqueda de justificaciones metafísicas que nos ayuden a
explicar la aleatoriedad de los sucesos y que el hecho de que no se sepa si, en
realidad, el universo está en expansión constante o, aunque no lo sepamos
debido a nuestra carencia de observaciones fehacientes, en realidad ya se ha
iniciado el proceso de contricción por mor del rebote cósmico, oímos, en forma
de susurro una divina voz proveniente del responsable de alimento vivo:


“No hay problema. La población media
de rotíferos está en 10.000.000.000. Tenemos una tasa de crecimiento diario
superior al 30%. Tememos un tercio de la instalación disponible y reservas de
fitoplancton y levadura para 30 días. Hemos calculado que la probabilidad de fracaso
productivo está en el 5%. Adelante con los 10 tanques. Siempre podemos
descartar uno si hiciera falta. Ah, y Benjamín no está de guardia”.


Igual me
confundí y es que estudié “letras”.




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