El tornillo del fugilate

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Ilustración: El «asuspiesmepongo» Susón Aguilera


Primer acto

Es noche oscura. Tan sólo destacan unas luces
generales y difusas que apenas si consiguen alumbrar el camino principal. Al
fondo se ve el destello deslumbrante de una instalación con forma de
invernadero. Una explosión de colores entre los que destacan marrones, ocres,
amarillos, verdes claros y oscuros. Se ve moverse una persona en su interior,
con tranquilidad, tras el plástico semitransparente del invernadero.

Escena 1

Gregorio mira su reloj. Levanta la cabeza y
gira sobre sí mismo intentando abarcar con la mirada todo lo que hay a su alrededor.
Observa con atención el pasillo principal del invernadero y se deja deslumbrar
por la sinfonía de colores que las microalgas levantan a su alrededor. Se
acerca hasta una bomba que hay a su derecha dentro de un receptáculo. Activa el
botón de encendido. Se oye el ruido del motor. Empieza el trasvase de las algas
a través de una canalización de tubería transparente. Mira como el líquido
verdoso asciende y se pierde hacia el exterior del invernadero.

Gregorio: De la que
acabamos de librarnos (está solo pero
habla como si todo el mundo estuviese pendiente de él
). Desde luego que si
alguien me hubiera dicho ayer que ahora estaríamos bombeando fitoplancton hasta
larvas es que no me lo creo (se rasca la
barba y deja escapar una mueca a modo de sonrisa satisfactoria
). De la que
acabamos de librarnos (se oye un clic procedente
de la bomba que indica que todo va bien. Un ruido a su espalda lo solivianta y
se gira
).

Manuel: ¿Todo bien,
Gregorio? Veo que ya empieza a circular. Menos mal, la verdad es que yo no las
tenía todas conmigo. El apaño es bueno pero… (Enseña el desatornillador y un contactor eléctrico que lleva en la
mano, señalando a la bomba
).

Gregorio: Ya lo sé,
pero hemos hecho lo imposible y más no se nos puede pedir.

Manuel: Desde luego
y que lo digas.

Gregorio: Lo digo
Manuel, lo digo. Que ya estoy harto de que siempre nos echen las culpas de
todo. Que hombre, no voy a decir yo que en algunas ocasiones…, vamos puede,
pero siempre, siempre (otro clic los
distrae de la conversación, es diferente al anterior, suena ronco. Los dos se
acercan a la bomba y miran con calma
).

Manuel: Nada, nada.
Esto es normal. El fitoplancton ha llegado a su destino y el tanque está lleno.
Este clic indica que ya se para el bombeo. Todo funciona bien. Pero mejor nos
acercamos a la sala de larvas para ver, ¡eh!, que no quiero pasarme otra noche
en vela. ¿Vamos? Ya tengo lo que hace falta en el bolsillo.

Gregorio: Vamos. Menos
mal que estamos tu y yo, ¡eh!

(Los dos
hombres salen del invernadero y se alejan caminando tranquilamente por el
camino principal apenas iluminado
).

Escena 2

Sala de reuniones. En el centro una mesa
grande alargada con cuatro personas sentadas, dos en uno de los laterales y otros
dos en la semicurva. Sobre la mesa tazas de café y muchos papeles. Dos
portátiles y un teléfono. Por la ventana se ve caminar a dos personas dirección
a la sala de larvas. Una quinta persona, de pie delante de la ventana, los
observa. Tiene las manos en la espalda. Se gira y mira a sus compañeros. Todos
dejan lo que están haciendo y le devuelven la mirada.

Pedro: ¿Cuándo
decís que pasó exactamente?

Luis: Pues… como
a las ocho (mira su reloj). Apenas si
hacía media hora que había entrado el guardia… (María interrumpe repentinamente con unos papeles en la mano)

María: Tuvo que ser
antes. Mirad estos registros (despliega
sobre la mesa unas cuantas hojas y señala con su dedo a una de ellas. Pedro se
acerca. También Luis. Todos miran las hojas)

Pedro: ¿Acaso
vosotros no creéis que fuese así? (Pedro
mira a los otros dos que se han quedado en la parte más alejada de la mesa,
están tecleando en el ordenador)

Enrique: Pues claro
que no, cojones. Los papeles son los papeles, vale. Pero en el registro
informático hay algo muy raro, muy raro (adelanta
el brazo sin dejar de millar la pantalla y busca la taza de café, su mano tropieza
con ella y la tira. Está vacía
). ¡Coño! (Todos miran). Yo no lo creo. Esto ha sido premeditado.

(Sonia
que estaba al lado de Enrique se aparta un momento del ordenador y se dirige
hacia la puerta de salida
)

Sonia: Un momento
que voy a buscar el contactor que cambió Manuel.

Pedro: ¿Quién lo
tiene? ¿Cómo es que…? (No acaba la
frase y se acerca hacia Sonia a la que coge del brazo antes de que salga
).
Sonia, no puede perderse. Es la clave de todo y que no lo manipulen por nada
del mundo.

Sonia: No.
Tranquilo.

Pedro: Ya sabes que
no me gusta que me digas que esté tranquilo. Me pone demasiado nervioso. No
estoy tranquilo, no lo estoy. Esto es muy grave.

(Sonia
mira a Enrique, que levanta la cabeza y le hace una señal para que continúe
)

Luis: Sólo lo
tienen para comprobar que es el mismo. Lo hemos guardado en una bolsa
hermética. Yo ya les he dicho que…

(Sonia
interrumpe impetuosa de nuevo desde la puerta
)

Sonia: Voy. Vuelvo
enseguida. Sólo quiero comprobar que la señal de parada coincide con la del
registro del ordenador.

Pedro: Acabo de ver
que van camino de larvas.

Sonia: Vale.

Escena 3

Sonia se encuentra con los dos empleados a la
entrada de la sala de larvas. Hay un foco potente que los alumbra generando un
semicírculo como si estuviesen en mitad del escenario de un teatro.

Sonia: Manuel
¿dónde tienes el contactor?

Manuel: Aquí (introduce la mano en su bolsillo y saca un
cacharro del tamaño de una caja de cerillas, la mano está grasienta, el cacharro
está grasiento. Está abierto)

Sonia: ¡Dios mío,
Manuel! Pe…pe… ro, cómo se te ha ocurrido sacarlo de la bolsa y abrirlo.
¡Ay!. Sólo tenías que ver si era el mismo ¿no? (Sonia se alabanza sobre la mano de Manuel para quitarle el contactor,
Manuel retira la mano con rapidez y firmeza
)

Gregorio: Reunión de
pastores… oveja muerta.

Sonia: ¿Qué….?

Gregorio: Que ya se yo
que al final la culpa será nuestra. Como siempre.

Manuel: Espera
Sonia. Sólo quería ver si el tornillo del fugilate estaba en su sitio.

Sonia: ¿El qué?

Gregorio: El tornillo
del fugilate.

(Sonia
pone cara de desespero. Mira a Manuel y a Gregorio compulsivamente. No sabe qué
hacer y se da la vuelta precipitadamente y refunfuñando vuelve a la sala de
reuniones
)

Manuel: Gregorio,
estos no entienden. Menos mal que estamos tú y yo. Por eso funciona esta
planta. Si no… De qué.

Gregorio: Eso mismo
¿de qué?

(Ambos
se giran y empujan la puerta que da acceso a la sala de larvas. Entran y la puerta
se cierra lentamente
)

Escena 4

De vuelta a la sala de reuniones. Se abre la
puerta y Sonia entra precipitadamente y nerviosa. Mueve las manos y gesticula.
No se la entiende. Enrique se abalanza sobre ella, la coge de los hombros y la
zarandea con cierta violencia. Los demás miran atónitos.

Sonia: Es que…
no… des…todo roto. Manos… grorio. Manu…Arggss.

Enrique: Ya vale
Sonia. Calma. ¿Pero qué pasa? (Pedro
acerca un vaso de agua a Enrique para que se lo de a Sonia, la mesa está por
medio. Sonia bebe un poco, otro poco. Respira profundamente, otra vez y bajando
los hombros expira con fuerza
)

Sonia: Es que son
lo que no hay. Pues no ha abierto todo el contactor y lo tiene lleno de grasa.
No sé qué dice del tornillo del fulate…

María: Del
fugilate, Sonia, del fugilate. Se lo pidió Luis (todos miran a Luis)

Luis: Claro. Cómo
si no íbamos a saber si ese era el problema (Luis pone cara de no enterarse de nada, gesticula). Yo mismo les di
la bolsa hermética para que lo guardasen justo después del fallo. Ese es el
único que nos queda y es la prueba de que todo…

Enrique: ¡Me cago en
la ostia, Luis! Tú, tú… ¿en qué mundo vives? (Enrique se aparta bruscamente de Sonia a la que casi se le cae el vaso
de agua, derrama todo sobre la mesa, encima de los papeles
).

Pedro: Cuidado
Sonia. Vamos a calmarnos, eh.

Enrique: Calmarnos…
Calmarnos… En la integridad de ese dichoso aparatito estaba todo nuestro
fundamento. ¿Ahora qué? ¿Eh? ¿Cómo lo fundamentamos si…?

María: Tenemos
otro. (Todo el mundo mira a María que
pone cara de extrañeza
)

Escena 5

Gregorio y Manuel dentro de una sala cuadrada
y muy pequeña. La sala de apenas dos por tres metros está llena de bombas y
cables. Hay cuadros eléctricos en las paredes con lucecitas que parpadean. Uno
de los cuadros está abierto y Manolo está operando en él. Gregorio mantiene un
foco cerca de la cabeza de Manuel apuntando al interior del cuadro eléctrico.

Manuel: Menos mal que
yo controlo, que si no… Mira, este es el contactor nuevo que cogí de la caja
de María (se lo enseña a Gregorio que
mira con atención levantándose las gafas
)

Gregorio: ¿Y tanto
follón por eso? ¿Una noche entera en vela por esto? Ni que fuese de oro. Tanto
guardar, tanto guardar.

Manuel: Y que lo digas.
Acércate que no veo bien. Sí, ahí, ahí. Ya está cambiado. Aguanta el tornillo (Manuel le pasa algo a Gregorio para poder
cerrar con comodidad
). Ahora podemos deshacernos de este y conectar las dos
zonas. Así no habrá problema de que perdamos más fitoplancton. Aprieta ahí. (Manuel señala con el dedo a Gregorio un
botón rojo en mitad de un cuadro eléctrico con la inscripción: “No tocar sin
autorización. María”
)

Gregorio: Voy, ¿este?
(Gregorio presiona el botón y se produce
una tremenda explosión que inmediatamente deja todo a oscuras. Suena una alarma
cercana. Se oye otra más lejana. Se apaga el ruido de las bombas. Se enciende
una luz de emergencia en la puerta. Tiene impreso: Luz de emergencia
)

Manuel: ¡Coño
Gregorio! ¿Estás bien? No me apuntes a los ojos.

Gregorio: Siiii, ¡pero
esto es gordo! Ay. Se me ha caído el tornillo del fugilate.

Manuel: No me jodas
Gregorio, no me jodas. Que sólo tenemos ese. Como se va a poner Luis. No sabe
que el otro ya lo fundimos ayer con el arreglo del fallo de la  bomba del fitoplancton.

Manuel: ¿Nooo?

Gregorio: No.

Segundo acto

Es noche oscura. Tan sólo unas luces generales
que apenas si consiguen alumbrar el camino principal. Son las luces de
emergencia que hay debajo de los focos principales. Al fondo no se ve nada. En
la puerta de la sala de larvas, bajo un pequeño foco con la inscripción: “Luz
de emergencia” se reúne un grupo de personas exaltado. Todos llevan linternas y
las luces procedentes de los focos van de un lado para otro. Hay confusión. Se
abre la puerta y aparecen Manolo y Gregorio. Gregorio tiene la cara chamuscada.
Sigue sonando una alarma cercana.

Escena 1

Todos están reunidos en la puerta. Hay tensión
y gritos. Se forma un semicírculo que abarca a Gregorio y Manolo. Manolo tiene
un extintor en sus manos.

Enrique: ¡Cojones!
¿Pero qué coño habéis hecho? Si es que…

Sonia: ¿Estáis
bien? Gregorio eso de la cara ¿es sangre?

Gregorio: (Se toca la cara con la mano grasienta, deja
un churrete en su cara y mira sus dedos
) Naha. Un rasguño.

Sonia: Voy a llamar
a urgencias (se da la vuelta y sale
corriendo hacia el edificio de oficinas. Nadie le hace caso, nadie la mira
)

Luis: ¿Y mi tornillo?

Manolo: Gracias.
Estamos bien, eh. ¿Tu tornillo? A tomar por culo tu tornillo. Ha sido el
causante de todo esto (tira el extintor
al suelo
). Toma tu tornillo (mete la
mano en el bolsillo y…)

Gregorio: Manolo, no,
para. Que lo tengo yo, aquí. Mira (enseña
su mano abierta con el contactor chamuscado y reventado
)

María: Ese es el
mío, el mío, el mío.

Pedro: ¿Cómo? ¿Qué?

Manolo: (Haciendo burla y poniendo voz imitando a
María
) El mío, el mío… Puñetera manía de esconderlo todo.

María: Que no
estaba escondido que estaba en el cajón de las emergencias para por si acaso…

Gregorio: Pues por si
acaso lo cogimos o ¿es que no era una emergencia?

Enrique: ¡Luiiiiis!

Luis: ¿Qué?

Enrique: ¿Escuchas
eso?

Luis: Sí

Enrique: Vale

Manolo: ¿Vale? ¿Cómo
que vale? Estamos vivos de milagro ¿Es que no habéis escuchado el pedo? (Hace movimientos rápidos con sus brazos
apuntando a todos los lugares y a ninguno en concreto
)

Sonia: Pero si yo
vi como lo teníais despachurrado en la mano (señala con un dedo directamente al contactor d Gregorio) y no era
ese y no estaba así y no…

Manolo: Claro, coño.
Como que era el otro

Luis: ¿El otro?

Todos: ¿El otro?

Gregorio y Manolo: Sí, el otro.

Pedro: ¿Es que
nadie va a parar esa alarma?

Escena 2

Un camión de bomberos acaba de apagar un
pequeño fuego en la zona de larvas. Manolo y Gregorio están sentados en una
camilla que les han cedido los sanitarios que acompañan a la ambulancia. Están
acabando de curar un rasguño a Gregorio. Manolo bebe agua. Los demás hacen un
corrillo unos pasos más allá. Se ha restablecido la luz y el camino principal
vuelve a estar iluminado. Al fondo el invernadero de fitoplancton brilla y
resplandece más que nunca.

Bombero 1: ¡Ei, has
visto que pasada! Seguro que estos tíos tienen ahí un cultivo de maría. Que no
es la primera vez que veo algo parecido.

Bombero 2: Cazurro ¿no
ves que es agua? Lo que tienen es un laboratorio de speed.

Enrique: (Que está al lado mientras recogen el equipo
y que lo escucha se gira hacia ellos
) Ni maría ni speed, era puro LSD con
la más alta de las tecnologías de fabricación.

Bombero 1: Si ya te lo
decía yo.

Bombero 2: Yo creo que
se cachondea de nosotros.

Enrique: (Ya no les hace caso, ha vuelto al corrillo)
¿Y ahora?

Luis: Ahora nada.

Sonia: Nada.

María: Nada de
nada.

Escena 3

Los sanitarios están acabando de curar a
Manolo y Gregorio. Estaban escuchando la conversación de los bomberos con
Enrique.

Sanitario 1: (Dirigiéndose a Gregorio) Oye, que esto
ya está. Que no es nada. Oye, ¿aquí donde se pilla?

Sanitario 2: ¿Es que no
puedes pensar en otra cosa?

Gregorio: ¿Qué es lo
que se pilla?

Sanitario 1: (Señalando con el dedo al invernadero de
fitoplancton
) Pues eso, ya sabes.

Gregorio: ¿Qué es lo
que sé? (Mira a Manolo y hace un gesto
con la mano como si el sanitario estuviera mal de la cabeza
)

Manolo: Tendrán que
preguntarle a ese señor de ahí (señala
con el dedo al corrillo
)

Sanitario 1: ¿A quién?
¿Al que hablaba con los bomberos? ¿O al otro de la derecha? (señalando a Luis)

Manolo: No, al otro.
El de pelo negro (señala a Pedro)

Sanitario 1: Voy (se levanta y anda los diez pasos que los
separan del corrillo. Toca el brazo de Pedro y este se gira
)

Pedro: ¿Sí?

Sanitario 1: Que dice ese
señor de ahí (señala a Manolo) que es
usted el que se encarga de este trapicheo y que…

Pedro: No, del
trapicheo de encarga María (la señala y
María que se da cuenta mira cómo preguntando
)

María: ¿Uh?

Sanitario 1: Que dice ese
señor de ahí (señala a Manolo) que es
usted la que se encarga de este trapicheo y que… Bueno, en realidad me lo ha
dicho este otro señor (señala a Pedro)
y que…

María: Sí, ya lo he
oído ¿y?

Sanitario 1: Que ya
puestos y como que estamos aquí… que a nosotros… (Se señala a sí mismo y a su compañero, que asiente con la cabeza)
¿Qué si se pude pillar algo?

María: ¿Tú estás
gilipollas?

Sanitario 1: Eh, sin
faltar que yo sólo… (Se da la vuelta y se
va hacia la ambulancia. Llega
.) Joder, cómo son.

Manolo: Si yo te
dijera

Gregorio: Si él te
dijera

Escena 4

La ambulancia y los bomberos están saliendo
por la puerta principal. Pedro y Enrique comentan algo ventanilla contra
ventanilla en sus respectivos coches. Sonia acaba de marcharse. Gregorio y
Manolo ya hace tiempo que se han marchado. En mitad del invernadero están Luis
y María. Hablan.

Luis: Uff. María
de la que nos ha ido.

María: Y que lo
digas. Menos mal que se me ocurrió decirles dónde estaba el tornillo de
repuesto y que estaba segura que estos dos iban a armarla.

Luis: Y que lo
digas. Mira que son entrometidos. Yo ya estaba temblando. Temía que en
cualquier momento se diesen cuenta.

María: Naa. Son muy
torpes. Pero yo sí que creo que Enrique empezaba a sospechar. ¿Lo has recogido
todo?

Luis: Sí. Creo que
sí. ¿Has mirado detrás de la bomba principal? La del tornillo…

María: ¿La del
tornillo del fugilate?

Luis: (Ríe ostentosamente) Ja, ja, ja… sí ese
mismo

María: (Ríe igualmente) Ja, ja, ja… ¡Fugilate!
Ja, ja, ja…

Luis: Mete todo en
la bolsa y nos vamos

María: Hecho

 Escena final

Es noche oscura. Tan sólo destacan unas luces
generales y difusas que apenas si consiguen alumbrar el camino principal. Al
fondo se ve el destello deslumbrante de una instalación con forma de
invernadero. Una explosión de colores entre los que destacan marrones, ocres,
amarillos, verdes claros y oscuros. Se ve moverse a dos personas en su
interior, con tranquilidad, tras el plástico semitransparente del invernadero.
Llevan dos bolsas.

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