Jugando al bridge con mamá

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Ilustración: The Great one Susón Aguilera

Los juegos de cartones de la España católica
llegaron a la Britania del Siglo  XVI con
el sobrenombre de “Triumphus hispanicus”,
denominación que es posible que provenga de las muchas aportaciones que las
culturas arábigas, tan fuertemente arraigadas en el sur de la península,
dejaron.

Tras unos cuantos ajustes y como consecuencia
de la apropiación por parte de una clase ociosa de estas actividades sociales y
poco “puritanas”, va tomando forma el Bridge como juego en el que lo que se dice
que se debe tener para ganar debe confirmarse ya que si no es así pues se
pierde. Real como la vida misma.

Sin embargo pocos saben que esta tradición
perduró con una fuerza intemporal en Sanlúcar de Barrameda y que en cierta
manera la acuicultura y el Bridge son consecuencia directa uno del otro. El
Bridge ha contribuido a generar tanto o más conocimiento aplicable a esta
disciplina como el mejor de los centros de investigación, como el más reputado
departamento

de universidad, como la principal de las agencias científicas. 

El Bridge ha sido capaz de… Mejor explicarlo.

-Vale Alonso, nos vemos el lunes por la tarde.

Acababa de colgar el teléfono para concretar
la visita de una semana a BRIDGEMAR, una de las grandes empresas productoras, con
el objetivo de profundizar en los misterios de la zootecnia acuícola conocida.
Nos había costado un ingente esfuerzo conseguir que nos permitiesen
intercambiar conocimiento a “calzón quitado” y montar esta sesión de puesta al
día para solucionar, esa era nuestra ilusión, los principales problemas de
producción que afectaban a la acuicultura marina. Sin ser pretenciosos, que
podríamos serlo, si existía conocimiento profundo, ese que hace que se formen
las estrellas, estaba en los astros que iban a reunirse durante varios días en
Sanlúcar. Un cuarteto de privilegiados por el que los mejores casinos del mundo
habrían pagado cantidades ingentes… para que no entrasen en sus instalaciones,
claro.

Llegamos al lugar escogido. La sala de
reuniones de la empresa. Aislados del mundo y con acopio para pasar cuatro días
sin tener que atravesar otra puerta que no fuese la del baño. Como si de un
movimiento tradicional de Bridge se tratase nuestra posición en la mesa quedó
fijada de antemano en el formato preceptivo, posición fija y parejas Norte/Sur
(BRIDGEMAR) y Este/Oeste (CARTENOR).

Son 52 las cartas que componen este juego,
como las semanas que habitualmente tiene un año. Y se empieza repartiendo 13
cartas a cada jugador una a una desde la izquierd. Este procedimiento debería
poder garantizar que a todos nos tocasen las semanas (lotes de producción) que
habíamos decidido estudiar. Todos queríamos, como pasa en este juego, quedarnos
con el “contrato final” (conocimiento) que se derivaba de la “subasta” en la
que nos habíamos apropiado de las bazas ganadoras (las mejores semanas de
producción), aunque ciertamente todos jugábamos “sin triunfos” ya que no
teníamos de idea de por qué pasaba lo que pasaba.

Es evidente que las cartas deben ser barajadas
antes de cada reparto. Eso es precisamente lo que habíamos hecho con la
información procedente de cada semana de producción y de esta forma, al
desconocer el orden, evitábamos el sesgo de asociar resultados a cosas que no
tenían nada que ver o así lo creíamos. También descartábamos la posibilidad de
revisar datos propios como propios o como ajenos, eran datos que carecían de
propietario. Como las cartas de la baraja. Que no son tuyas hasta que no llegan
a tus manos y es por esto que azar se encarga de hacer que así sea. Lo que
hagas a partir de ese momento depende de tu habilidad y conocimiento, de tu
capacidad predictiva y de la potra, que también juega.

Establecimos un sistema de puntuación que, a
imitación de la del Bridge, nos permitiese asociar bien las jugadas y evitar el
desbalanceo que se produce cuando hay poco intercambio de cartas o pocas manos
disponibles, lo que hace que subvalúen o sobrevaluen sin criterio, ya que lo
que buscábamos era conseguir el valor potencial promediado de todas las manos
combinadas. Que de matemáticas sabíamos un rato.

De esta forma  y tras una adecuada discusión de apenas 15
horas, las justas para que todo quedase bien encajado, nuestro sistema de
puntuación quedó estructurado, aunque no puedo privarme de comentar que todavía
a la hora 16 había quien seguía insistiendo en que si esto o lo otro, y es que
hay cada uno… “Calla ya, que no ves que
estamos juagando, esto… analizando
”. Total, que tal que así:

                 
Al origen de los reproductores le dimos 4 puntos.

                 
A la calidad de las microalgas le asignamos 3 puntos.

                 
A los rotíferos y la artemia 2 puntos

                 
Al tamaño del tanque 1 y basta (es que no se pueden ni imaginar lo que de
esto hay, que venía a ser como el comodín, pero como el el Bridge estrictamente
no existe, o sí, pero como lo decide cada uno, pues eso)

                 
El agua, como era incontrolable, 0 puntos

                 
Si teníamos buenos reproductores, microalga, rotífero y artemia y unos
tanques adecuados: 10 puntos adicionales

                 
Pero si en la semana que tocaba analizar no se daba ninguna de las cuatro
anteriores: 20 negativos

                 
Cuando coincidían dos jugadores con semanas similares en las que se daba todo
lo anterior, como si se considerase que fueran cuatro triunfos repetidos, pues
se sumaban 10 puntos extra. Si eran tres las semanas coincidentes, obviamente
se sumaban 30 puntos. Pero si se daba la circunstancia que los cuatro
disponíamos de las mejores semanas, se multiplicaba todo lo acumulado, es decir
(10 + 10) por 10. Lo que daba 200.

Es decir la semana perfecta. La que teníamos
que analizar con detalle de cirujanos para extraer la esencia del sistema de
producción perfecto y esperar a que se repitiese. Ya que una sola mano
venturosa se asociaba al azar y no podíamos permitirnos que eso pasase al
principio y no saber qué hacer con el resto de la semana. ¿Qué hubieran pensado
de nosotros? Si necesitamos 15 horas para establecer el procedimiento no íbamos
a liquidar esto en una hora y…

   …es
que en realidad sí que sabíamos qué hacer, que era Sanlúcar, pero decidimos que
no era el momento. Que era mucho lo que estaba en juego y que no podíamos
permitirnos que una mala jugada nos la juagase.

No era el caso, ya que el Bridge también contempla
las penalizaciones cuando no se alcanza lo subastado.

Por lo que no nos quedó más remedio que
establecer este sistema de multas que nos ayudase a reducir la vulnerabilidad y
de paso evitar la tentación del olor a manzanilla (¿De dónde vendría?).

                 
Si entre lo subastado no se alcanza lo que dos semanas coincidentes
prometieron, se penaliza con 50

                 
Si entre lo subastado no se alcanza lo que tres semanas coincidentes
prometieron, se empieza de nuevo

                 
Si empezamos de nuevo hay que decidir cuántas manos más vamos a considerar
adecuadas sin que se den coincidencias.

                 
Sin coincidencia se pacta que deben ser dos para tres o menos, tres para
dos o menos o cuatro para ninguna.

                 
Si tras acumular dos, tres o cuatro, no se da en las tres siguientes
ninguna coincidencia, nos jodemos.

                 
Si una vez jodidos no somos capaces de volver a empezar, es evidente que la
estamos cagando.

                 
Si somos conscientes de que la estamos cagando por qué coño continuamos con
esto.

                 
Si continuamos porque pensamos que tal vez sea debido a que no hemos sido
capaces de concentrarnos lo suficiente. Es que no hemos bebido bastante.

                 
Si en realidad es que ya hemos bebido en exceso, mejor lo dejamos.

¿Cómo llegó a entrar la manzanilla en la sala
de reuniones? Este misterio es algo que jamás seremos capaces de responder.

Dicho y hecho. Alonso dijo:

-Mira que bien, hoy es jueves y mamá tiene partida de bridge en el club
social
.

No lo dudamos, nos fuimos todos al club con
Alonso y su madre para ver si podíamos aprender algo. ¡Coño! Podría haber sido
el primer día.

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