El Mesías gallego (Episodio 07)

«¿Ven todos esos edificios? Les digo la verdad, serán demolidos por completo. ¡No quedará ni una sola piedra sobre otra!». Mateo 24

La situación era crítica. Estábamos embarrados con el proyecto y no conseguíamos avanzar por lo que no fue difícil aceptar que era necesario adoptar otra estrategia.

Las idas y venidas de un continente a otro no ayudaban y corríamos el riesgo de que acabase siendo un remedo de actos festivos y sociales. Ciertamente bien deseados, aunque avances reales, pocos. Había unanimidad, éramos dos a tomar la decisión y no fue difícil, era necesaria una dedicación plena al proyecto y esto sólo podía conseguirse con alguien que diese un paso adelante y aceptase el reto. Aunque las ganas eran tremendas, nos habían robado el corazón, en ese momento era impensable para nosotros, así que propusimos a nuestros promotores la incorporación de un experto a tiempo completo para impulsar las actuaciones, coordinarlas y dar el salto de calidad que necesitábamos.

La propuesta, para nuestra sorpresa, fue muy bien recibida y hasta alabada, tanto que con una premura irreconocible en años anteriores, dieron el visto bueno y empezamos con el proceso de búsqueda y selección del perfil más adecuado para la inmensa empresa que teníamos por delante. No era nada sencillo ya que los requisitos necesarios para el desempeño, aunque no excepcionales, sí que eran considerables y debíamos ser muy cuidadosos ya que había mucho en juego, pero sobre todo era porque nuestro prestigio empezaba a estar colgado de una fina cuerda que amenazaba romperse ante la más mínima eventualidad. La frecuencia con las que éstas se producían era tan elevada que pasó de ser una anécdota a un hecho consustancial al proyecto.

Pedíamos experiencia previa y demostrada en nuestro ámbito, autonomía en la toma de decisiones y capacidad de improvisación, trato humano y grandes dosis de paciencia y sicología, y claro que aceptase trasladarse a vivir a una zona, no demasiado próxima a casi nada y en unas condiciones, que aunque muy correctas, no dejaban de ser bastante particulares, como casi todo lo que estaba alrededor de la propuesta.

Para nuestra sorpresa la cantidad de candidatos desbordó todas nuestras expectativas, pero eran tantas las prisas que iniciamos el proceso de selección tal vez con demasiada celeridad, pero es que no podíamos perder lo que habíamos conseguido hasta el momento, que era muy poco, pero mucho más que nada.

La nueva temporada estaba a punto de empezar y los retos eran mayúsculos, acompañado de una ansias por conseguir resultados que nos obnubilaba la vista. Lo que hasta ahora era un atajo de instrucciones y pruebas requerían ser recogidos meticulosamente, ordenados y empaquetados como pequeñas píldoras de conocimiento listo para ser ingerido. Tras descartar a más de la mitad en una primera lectura rápida de sus credenciales, por cierto nefastas y con más cara y desfachatez que otra cosa, y es que las necesidades de las personas hacen que se hagan y digan cosas que, de haberlas pensado con calma, tal vez hubieran… bueno.

Siempre me he preguntado dónde se encuentra ese punto que hace que pases de ser un aprendiz a un experimentado en algo, cunado lo cierto es que nunca aprendemos lo suficiente. Tal vez sea en el momento en el que te das cuenta de lo poco que realmente sabes, o tal vez en el momento en el que ya te sientes preparado para empezar a aprender de verdad, tal vez no pase nunca y, como vimos en muchos, a ver si cuela.

Pero existe la remota posibilidad de que se produzca en ese momento en el que empiezas a eliminar el barro que se ha quedado retenido en los ojos y no te dejaba ver, ya que nos encanta rebozarnos en nuestro barrizal, que por algo es nuestro, es ahí cuando ves que hay algo más, el horizonte se hace amplio y nítido, y te das cuenta de lo ciego que estabas.

La segunda fase de selección fue algo más complicada. Los perfiles eran muy interesantes y cada uno, por que se dio la circunstancia de que todos indicaron ser del sexo masculino, mostraba brillantez en algunos de los apartados esenciales. Había quien brillaba tanto en un apartado que impedía ver las deficiencias de los otros. Los eliminamos.

El cupo final se redujo a una terna de personas, ahora tocaba entrevistarlos. Esta tarea se presentaba compleja y nada fácil ya que cada uno estaba en una parte del mundo, ejerciendo en condiciones que si no similares al menos sí que muy próximas a las que pedíamos, pero nunca se sabe lo suficiente de las ansias que guían a las personas a desplazarse como especies migratorias.

Gracias a los inventores del Skype pudimos simplificar el proceso y le añadió un punto de frescor y humanidad a la fría llamada telefónica o a un impersonal intercambio de correos. El trio resultó ser de una competencia superlativa, y si hubiéramos podido le habríamos ofrecido la oportunidad a los tres. Sin embargo una figura emergió sobre los otros dos. Así es como dimos con nuestro Mesías gallego.

Mesias Gallego


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