El viaje a ninguna parte

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Ilustración: The Ironman Susón Aguilera

Johnny aparca su coche en la
explanada frente al bar de diario, el de las cervezas, y se apea con la
intención decidida de encaramarse a la escalera de acceso. Le grito haciéndome
ver. Gira ligeramente la cabeza y deja el pie izquierdo apoyado en el primer
escalón de acceso al bar. Parece dudar. Imagino que está valorando la
posibilidad de dar el siguiente paso y olvidarse para siempre del viaje que
tenemos planeado.

Pensé que no llegabas e iba a
tomar un café mientras. Fue su respuesta al ver que efectivamente era yo y no
un fantasma.

Bueno, mejor nos vamos que el viaje es largo y ya vamos con algo
de retraso, le dije en un intento de abstraerlo de lo que sin duda iba a ser un
imposible si llegaba a cruzar la puerta de su Shangri-La diario.

Bien, bien
cuando quieras. 
Todavía echó la vista atrás un
par de veces mientras nos dirigíamos a su coche y se podía apreciar como pasaba
la lengua sobre sus labios una y otra vez como si intentase recordar ocultos
placeres que ahora quedaban a sus espaldas. Era pronto, demasiado pronto, para
empezar a degustar alguna que otra Estrella, su preferida. Lo del café, la
excusa de siempre.


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