Myco está cachondo

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Ilustración: The killer Susón Aguilera

Myco se había levantado cachondo. Tenía ganas de dar guerra. Ya estaba
harto de tanta sustancia extraña que últimamente le tenía medio adormecido,
apenas sin ganas, y arrinconado en una célula epiteloide anodina y sosa. Con lo
que a él le gustaba andar libre por el páncreas, adentrarse en el torrente de
médula fresca de la columna y chapotear en el cerebro. ¡Eso sí que era vida!

Su hospedador se había descuidado como consecuencia del estrés del
transporte alertando a Myco. Echó un vistazo a su alrededor y se dijo, ¡ya está
bien, pongámonos las pilas!

Intentó estirar su morfología de frankfurt recocido y alentar al resto de
colegas. Hummm… Estaba sólo. A su lado un ejército de musculados soldados bien
vacunados, alertas y con una camiseta con el lema “Somos inmunogénicos”
arquearon sus cejas.

Myco se amedrantó y acurrucó de nuevo en su celulita. Su casero ya se había recuperado y nadaba fuerte y tranquilo. Junto a
doscientos cincuenta mil colegas.

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