Pienso, luego como piedras

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Ilustración: The Onyx Susón Aguilera

Cuando entró el primer saco del nuevo pienso compuesto en la granja a todos
se nos iluminó la cara. Por fin íbamos a poder desterrar la máquina choricera
de pienso semi húmedo, por fin íbamos a descartar el pescado congelado, por fin
íbamos a conseguir que todos los peces comiesen igual y de forma equilibrada.
Por fin.

No es que se produjese una gran desilusión cuando lanzamos unos pocos granos
del saco recién abierto y a un pez casi le sacamos un ojo cuando uno de los
granos impactó con él. No es que ver rebotar los granos en el suelo como si
tirásemos piedras a un estanque fuese lo que más nos gustase. No es que los
animales huyesen en desbandada hacia las esquinas del estanque al sentirse
atacados. No. Es que los pocos peces que se atrevieron a probarlo, la mitad lo
escupieron y la otra mitad casi se ahoga al no poder tragarlo. Uf. No pintaba
nada bien.

A los pocos días llegó el técnico en nutrición y nos dijo que lo hacíamos
mal, hay que decir que lo miramos con recelo. Tal vez podía haber dicho que no
lo usábamos adecuadamente o que venía para ayudarnos a implementar un proceso
de distribución del alimento eficiente o tal vez que todo cambio requiere su
proceso de ajuste y aprendizaje. Pero no, simplemente dijo que lo hacíamos muy
mal. Uf, uf. Esto no pintaba bien. Del recelo pasamos al odio.

Para que los peces pudieran apreciar las verdaderas cualidades y
características del maravilloso pienso que acaban de inventarse debíamos
mantener este pienso sumergido en agua 24 horas antes de su administración a
una temperatura tibia y sin luz.

Uf, uf, ufff. Esto no pintaba nada bien. Del odio pasamos a querer matarlo.

Continuó insistiendo. Que una vez lo haya degustado, en dos o tres semanas
podemos bajar el tiempo en remojo a 12 horas y que al cabo de seis meses ya lo
comerían tal cual. Eso sí, si quedaba alguno vivo. Explosión y expulsión a
patadas. Hasta que no haya un pienso mejor ni se os ocurra venir, ¡capullo!

“¿Qué hacemos ahora con todo este
pienso?”
Tras lanzar la pregunta
nos quedamos pensativos.

Pasaron unos segundos y dijo unos de los trabajadores de la granja: “Me voy a llevar una muestra y se la echo a
los cerdos que esos se lo comen todo

Volvió risueño al día siguiente: “A
los cerdos les encanta me lo llevo todo

Meses después tras la matanza: “Hay
que ver lo bueno que ha salido el jamón. Tiene como un puntillo a… sí, a eso.”

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