A contar “rotíceros” (The son’s version). Historia escrita por Miguel Aguilera.

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Ilustración: El Inmenso Susón Aguilera

Es en general objeto de admiración la credibilidad del autor del blog, que
goza la mayoría de veces de gran precisión en datos, fechas, etc. consiguiendo
recrear una historia considerablemente fidedigna a lo que fue la situación real
(eso sí, siempre viciada a causa de la común costumbre de entrecruzar
subjetividad y verdad, a medida que pasan los años).



Pero, me duele confesarles queridos lectores que en esta última historia
han sido engañados. Me duele, y mucho, pues no es mi intención aquí atacar al
autor ni desilusionar a sus seguidores. 


Pero ¿Qué tan amarga es la sensación de ser conocedor de la verdad y ver
como a tu alrededor ésta es maltratada y deformada? Sin duda ustedes la
conocerán, pues presumo (dada la ilustre posición del blog) que la mayoría de
lectores aquí congregados pertenecen a las más altas cúpulas en los campos de
la ciencia y la economía.



Sin duda son ustedes propicios a sentir que todo el
mundo se equivoca excepto uno mismo. Como comprenden mi sentimiento y no me
gustaría dejarles con el amargor de desconocer la versión real, me dispongo
inmediatamente a explicar los acontecimientos sucedidos hace tanto tiempo pero
que, sin embargo, continúan en mi cabeza tal como los presencié en aquel
momento.



Yo era por entonces un niño de 5 años, flacucho y miedoso, pero con una
intuición y un intelecto más evolucionados que los otros niños de mi edad. No
sé bien la razón por la que mi padre precisara mi ayuda a aquél día, pero
seguramente sería debido a que algún técnico especializado había sufrido una
indisposición y necesitaban urgentemente a alguien con capacidades
excepcionales que pudiera realizar algún trabajo tremendamente complicado.


Sigue en…

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