La tortura del fin de semana

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Ilustración: Susón Aguilera

Cuando en 1949 Edward A. Murphy Jr. harto de fracasar con sus cohetes dijo
aquello “si algo puede salir mal, saldrá
mal
”, se olvidó de añadir que fuera lo que fuese que sucediese este hecho
se produciría, inexorablemente, en fin de semana o víspera de fiesta de
guardar. Que iba a suceder, lo sabíamos. No es que tuviésemos una actitud
pesimista es que nos habíamos resignado a que pasase y vaya si pasaba. Lo que
nunca podíamos ni imaginar era lo que iba a suceder. 



Eran las 17:00 horas del viernes, estábamos recogiendo para marchar a casa
y disfrutar de lo que prometía ser un fin de semana tranquilo tras una semana
intensa pero muy fructífera. Desde la oficina, Titina nos llamó con urgencia.
Acababa de entrar un fax procedente de la Consejería. Malo, nadie en la
Consejería trabajaba un viernes por la tarde, a no ser que…


En su encabezado se indicaba: “Muy
urgente
” y se especificaba que al día siguiente, a las 9:00 de la mañana, nos
iban a realizar una inspección de urgencia junto con las autoridades sanitarias
y otros organismos de ámbito nacional.


El motivo de la inspección era una alerta que había salido desde la oficina
de la Agencia Española de la Seguridad Alimentaria, pero que venía directamente
de la Red de Alerta Comunitaria Europea y que afectaba al pienso fabricado por
una empresa muy conocida (GÜEWOS) de la que éramos clientes. A las autoridades
les constaba y así era, que habíamos adquirido varios lotes. Cierto, eso
siempre se especificaba en los documentos de importación y además era de
declaración obligatoria. Buena trazabilidad.


Sigue en…

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