Blockchain

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Hay días que es mejor no levantarse de la cama. Hay días que empeoran cuando te llaman a primera hora y te despiertan, aunque no quieras. Hay días en que lo peor está en lo que todavía no ha sucedido. Hay días que no merecen existir.

La entrada del pienso, LOTE199315NOVOnve, estaba escrita con una letra de caligrafía pulcra y estilizada en el cuaderno denominado “Registro de entradas provisionales del almacén. Sección piensos y alimentos”. Una de las cosas que se aprenden es que una persona de mente estructurada que además sea poseedora del don de una buena caligrafía es una inversión maravillosa. La responsable del almacén de productos en previsión cumplía sobradamente con todos los requisitos y, además, disponía de una memoria prodigiosa. Llegó un viernes a última hora, quedó en cuarentena, se identificó con la etiqueta roja y quedó pendiente de coger la muestra para enviarla al laboratorio.

Esto se hizo el lunes a primera hora de la mañana, así quedaba indicado en el cuaderno “Registro de salidas de muestras para análisis. Sección pienso y alimentos”, con el código interno LOTE199315NOVOnve_ ANAL18NOV3. Una nota al margen decía que, por cuestiones operacionales, la semana en curso al disponer de dos días festivos, los resultados no llegarían hasta el próximo día laboral hábil, que resultó ser una semana después. Mientras, el lote seguía en cuarentena, aunque la etiqueta pasó a naranja, indicativo inequívoco de que la muestra se había cogido.

Una semana después se recibían los resultados del análisis. La entrada y confirmación era competencia directa de la responsable del departamento de calidad, que en el cuaderno identificado como “Registro de entrada del laboratorio de análisis. Sección muestras” se identificó con el siguiente código interno LOTE199315NOVOnve_ANAL18NOV3_25NOVLAB01_pdte1. Al lado una nota indicaba que una de las muestras estaba pendiente de confirmación, las otras dos, resultado negativo. Por motivos de seguridad se decidió no mover el lote de sitio y se apretó un poco más en la zona de cuarentena, ahora con una etiqueta amarilla, indicativo de que los resultados habían llegado pero que no eran definitivos.

Dos días después llegó el resultado del análisis pendiente, nuevamente una entrada en el registro pertinente del cuaderno correspondiente quedó anotada con el siguiente código LOTE199315NOVOnve_ANAL18NOV3_25NOVLAB01_pdte1_27NOV_recOK. La nota adicional indicaba que el resultado pendiente era negativo. Inmediatamente se cambió la etiqueta, así quedaba anotado en un anexo marginal adicional y transversal, por no haber espacio útil disponible en el cuaderno, a color verde, indicativo de que el producto estaba apto para ser trasladado a la zona de uso. A veces se mezclaban las anotaciones y era complicado determinar dónde empezaba una y acababa la otra.

Al día siguiente, el responsable del almacén definitivo de productos aptos para uso en planta, encontró una nota en su mesa. Era escueta y clara: LOTE199315NOVOnve_ANAL18NOV3_25NOVLAB01_pdte1_27NOV_recOK_¡Llévatelo que no me caben las cosas! Habituado a la codificación interna sabía lo que quería decir. Como persona entrenada y concienciada con los procedimientos, no tardó más de una semana en pasarse por el almacén de productos en previsión a recoger el producto. Necesitaba hacer espacio en su almacén de productos aptos ¡que prisas!

Situó el producto en el espacio habilitado para formalizar la entrada al almacén definitivo, pintado en el suelo en un espacio delimitado por tres rayas de color verde de 4 centímetros de anchura. La cuarta raya era la pared. Fue a buscar su cuaderno “Registro de entradas definitivas del almacén. Sección piensos y alimentos” y anotó correctamente el código correspondiente LOTE199315NOVOnve_ANAL18NOV3_25NOVLAB01_pdte1_27NOV_recOK_¡Llévatelo que no me caben las cosas!_04DICDEFSEC5PAL3. En este punto le era retirada la etiqueta de color verde y se le añadía una blanca identificativa de que el proceso se había completado.

Cada día, viernes por triplicado, a primera hora de la mañana se anotaba en el cuaderno de planta llamado “Registro de solicitudes para el día próximo. Sección piensos y alimentos” las necesidades que cada sección tenía de nuevos suministros. En la entrada se identificada el departamento, el lote de peces destino, el tamaño de pienso solicitado y la cantidad. Este cuaderno se entregaba antes de las 12:00 al responsable del almacén definitivo de productos aptos para su uso en planta, para que preparase cada uno de los suministros correspondientes.

El responsable del almacén definitivo de productos aptos para uso en planta, en su cuaderno, “Registro de salidas del almacén definitivo. Sección piensos y alimentos”, anotaba el código correspondiente a cada salida programada.  Con la profesionalidad que le caracterizaba disponía adecuadamente codificada cada una de las salidas, una por cada lote de peces y destino, de forma que una entrada en estos momentos pasaba a ser múltiple, pero así eran las normas del departamento de calidad respecto a la gestión de la trazabilidad.

LOTE199315NOVOnve_ANAL18NOV3_25NOVLAB01_pdte1_27NOV_recOK_¡Llévatelo que no me caben las cosas!_04DICDEFSEC5PAL3_23DICLARVREP04OCT19100mc3kg_fumfumfum

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Los responsables de cada una de los departamentos de producción, en su cuaderno “Registro de entradas de insumos para consumo. Sección piensos y alimentos”, anotaban cuidadosamente la cantidad recibida verificando tamaño y destino y determinando los tanques que deberían comer el producto especificado, así que el código, que no daba lugar a dudas ni confusiones, una vez anotado podía ser consultado por cualquier operario y administrarlo adecuadamente. Eso sí anotando al lado del registro en el cuaderno la cantidad que consignaban, de forma que se completaba el ciclo de uso del producto

LOTE199315NOVOnve_ ANAL18NOV3_25NOVLAB01_pdte1_27NOV_recOK_ ¡Llévatelo que no me caben las cosas!_04DICDEFSEC5PAL3_23DICALEVREP08may193mm25kg_fumfumfum_24DIC193mmOK(-3kg)TQS7-8-12-46(-15kg)TQS3-12-22-36Restodevuelto_ymañananavidad

25 de diciembre de 1993, Navidad, primera hora de la mañana. Suena el teléfono.

Los análisis de los resultados eran claros y concluyentes, no había error posible, la muerte estaba relacionada con el lote de pienso utilizado. El sistema de control y trazabilidad era robusto. No había sido necesario, hasta el momento, ponerlo en práctica, los ensayos rutinarios y las diversas auditorías servían para confirmarlo. Ha quedado certificada la inversión en tiempo y recursos. El por si acaso se produjo. La manifestación de la verdad que pone a todo el mundo en su sitio y que aleja a los descreídos, no por ser cierta deja de ser menos dolorosa.

Identificada la causa que ocasionó la muerte de más de veinte millones de alevines se procedió a la retirada de todo el alimento perteneciente al mismo lote. Siguiendo con los procedimientos establecidos se identificó y aisló cautelarmente todo el producto afectado, kilo a kilo, piscina a piscina, pez a pez. Se levantó acta de cada uno de los pasos. Un procedimiento impecable. La actuación ante la crisis, de manual. La respuesta en tiempo, de equipo profesional de Fórmula 1. La coordinación del personal, de protocolo de urgencias frente a un caso de extrema gravedad en un hospital. El resultado caótico y desolador.

-Bueno, ahora toca documentar todo esto para preparar un buen informe que nos ayude con el tema de la reclamación, ya sabes lo quisquillosos que son los del seguro. Recuerda la última vez que presentamos la reclamación por el tema del tornillo del fugilate. Cómo se pusieron por la forma en la que documentábamos la trazabilidad.

-Tranquilo, nuestro sistema de trazabilidad ha mejorado mucho, hoy es de una solidez tremenda. Algún día alguien inventará algo parecido y puede que hasta sea tan sólido como los bloques de las paredes maestras de este edificio. Mientras, tenemos nuestros cuadernos que son como eslabones de una cadena irrompible.

Lo dicho hay días en que es mejor no levantarse de la cama.

La ilustradora 

Blanca Botey nos hace este magnífico regalo de Navidad. Su generosidad no tiene límites, como no lo tiene su capacidad creativa. Tan sólo decirle, Blanca, qué te animas a… ya tenía la respuesta. ¿Para cuándo? ¿Navidad? Sin problema.

Y esta es su segunda participación, y sabe que la alegría que nos embarga es mayúscula. Gracias Blanca por este regalo.

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