No podemos esperar que la sociedad se informe de los avances biotecnológicos leyendo una publicación científica

Yo trabajo la «periferia» de la comunicación científica. Es por eso que a menudo me preguntan, «¿tú, qué haces?», incluso a nivel familiar.



Aunque creo conocer a qué me dedico, es cierto que tengo dificultades para explicarlo de una forma sencilla, básicamente porque es un trabajo muy transversal, podría ser cualquier cosa. Pero puedo definirme como un «renacentista acuícola»: todo me interesa, de todo quiero aprender, sufro curiosidad incontinente.



Ahora bien, cuando soy capaz de transmitir los retos a los que hago frente a diario, y cómo, desde el avances tecnológicos, hacemos cosas relacionadas con el mundo de la acuicultura, a menudo surge una segunda observación, normalmente en forma de pregunta retórica: » sí, claro, pero eso no puede ser bueno, ¿verdad? «.



Mi respuesta, con cara de estupefacción, es: «¿Cómo que no puede ser bueno contribuir a la solución del problema del hambre en el mundo? ¿Cómo no puede ser bueno implementar, como mínimo, 8 o 10 de los 17 objetivos de desarrollo sostenible? ¿Pero qué pasa aquí? «



La primera reflexión es que existe una carencia crónica de comunicar adecuadamente a la sociedad como, gracias a la ciencia y en las mejoras tecnológicas, contribuimos a garantizar la soberanía alimentaria, donde la aportación de la acuicultura supera de forma neta la pesca extractiva. La segunda es que existe una carencia generalizada de pensamiento crítico, y hay que luchar contra los prejuicios que se instalan fácilmente en la gente.



Estas dos reflexiones fueron las que me impulsaron a dedicar más tiempo a la divulgación de que es la acuicultura y de la importancia capital de la investigación, la biotecnología y la innovación. La caja de herramientas de las habilidades comunicadoras se va completando a medida que se coge experiencia y la primera de las herramientas que hay que tener es responsabilidad; después, compromiso, desde luego pasión y ser capaz de emocionar con lo que quieres contar, porque la gente no sabe lo que tú sabes de tu ámbito de trabajo. En tu caja de herramientas también puedes añadir un bloque que te ayude a contar las cosas de forma extendida pero sintética; me gustan más las síntesis que los resúmenes.



Participar en eventos con jóvenes es fascinante, ir a escuelas e institutos y compartir te obliga a estar siempre preparado para la sorpresa y te da cintura. Las conferencias fuera de los entornos confortables de los congresos, en los bares, bibliotecas, museos al aire libre, son experiencias que transforman. Hay que perder el miedo de ir a un plató de radio y televisión, pues quien mejor que tú para explicar en qué consiste el trabajo que haces y la importancia de un ensayo, o por qué la reproducción los peces es tanto compleja .



El concursos de divulgación científica, de diversos formatos y tamaño, ayudan a adquirir la disciplina, muy diferente de la estructura de un papel. Te permiten elevar la creatividad.



Explicar lo que haces al colegas también te ayuda a reflexionar verso como lo haces, y si tal vez hay que cambiar o adaptarse, y adaptarse significa conocer las diversas plataformas de difusión de contenidos y aprender a utilizarlas. No podemos esperar que la sociedad se informe de los avances biotecnológicos leyendo una publicación científica, ni el lenguaje ni el medio son los adecuados. Si no se tienen las habilidades, existe internet o muchos cursos; hay muchos y son necesarios, yo diría que imprescindibles.



No es tan difícil, cuando empecé y quería descubrir cómo podía hacerlo mejor, me leí varias reglas periodísticas y me gustó especialmente las del suplemento de ciencia del New York Times:



1. Comienza con una buena introducción del tema.

2. Hay que centrarse en los avances importantes y limitar otras informaciones.

3. Controla la jerga y explica los términos que haya que utilizar.

4. Destaca el significado y la importancia de los descubrimientos.

5. Escribir texto con orden y desarrollo lógico.



No hacer nada que lo único que lleva es a que alguien lo haga por nosotros, y seguramente sin control de lo que dice. La responsabilidad ya no es nuestra ¿O sí … ?.

Original publicado en catalán en el R+D+I del IRTA: Continua…

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