El Programa LSD

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Ilustración: Beyond Susón Aguilera


En
algunas profesiones podría tener sentido sustituir a todos los
humanos por robots, pero este no es en absoluto nuestro objetivo,
queremos combinar a los humanos con la inteligencia artificial,
aunque sepamos lo artificial que es la inteligencia humana.

¿Cómo?

Llevamos
tiempo implementando nuestro programa LSD, y podemos asegurarles que
los logros de la cognición extendida son sorprendentes. Nos hemos
especializado en detectar las pautas comportamentales que de forma
colectiva van más allá del individuo, generando respuestas
automáticas en los equipos altamente entrenados. Personas que no son
conscientes de las habilidades adicionales de las que las dotamos, y
que ejecutan actividades de forma incluso más precisa que la mayoría
de las máquinas.

¿Cómo?

Ya,
veo que no me he explicado adecuadamente. La cognición extendida es
fruto de la integración de recursos internos y externos, de manera
que nuestra capacidad cognitiva se hace fluida y permite resolver
problemas que van más allá de cómo pensamos.

¿Y
qué tiene que ver esto con nuestro problema?

Ah,
sí, perdone es que estos conceptos… En fin, lo que proponemos es
la integración de los recursos tecnológicos que existen en los
entornos laborales con los trabajadores. Sin importar la posición ni
la responsabilidad que desarrollen.

¿Cómo,
que yo también…?

Efectivamente,
deje que le explique. Los recursos tecnológicos que disponemos como
pueden ser los teléfonos inteligentes, sensores, sistemas de
gestión, ERPs, mecanismos de medida integrada, automatismos,
procesadores de datos, la máquina de…

Ya,
ya entiendo, como la máquina del café, ¿no?


sí, eso. Veo que lo coge al vuelo. Todos estos recursos se han
integrado de tal manera en nuestra maquinaria cognitiva que ahora son
parte de ella. Por eso nuestro programa LSD integra el interfaz
máquina-hombre en forma de binomio indisoluble para, precisamente,
identificar los puntos en los cuales no se ha producido esa
integración. Una vez identificados, implementamos los programas de
formación a través de una comunión con los dispositivos que nos
son propios.

Nuestros
querrá decir.

Sí,
eso, de ustedes, pero es una forma de hablar. Sabemos, por la
experiencia acumulada en multitud de sistemas
socio-gremial-tecnológicos…

¿Qué?

Empresas.

Ah.

Bien.
Como decía, sabemos cómo afrontar la resolución inteligente de
problemas complejos, como el suyo por supuesto, porque no es cosa que
el cerebro desnudo pueda lograr por sí sólo. Bueno, tal vez el
suyo, altamente privilegiado pudiera ir un paso más allá, pero, sin
ofender, esto es algo que trasciende a nuestras capacidades
individuales.

No
ofende, por ahora. Prosiga.

Gracias
por su comprensión. Decía que existen logros que no podemos
resolver provistos exclusivamente de nuestro cerebro. La resolución
inteligente de estos problemas tan endiabladamente complejos, se
abordan siendo conscientes que el resultado es consecuencia de la
integración de nuestro cerebro y cuerpo juntos…

Como
toda la vida.


en un entorno ambiental que con frecuencia está tecnológicamente
sobrecargado.

Ah,
ya veo por dónde va. Que las máquinas no nos dejan ver más allá,
¿cierto?

En
parte sí y en parte no. Estamos hablando de elementos de complejidad
que no son fáciles de asociar de forma simple y llana a lo que de
verdad creemos que sabemos. Disponemos de evidencias, lo
suficientemente sólidas, como para ser conocedores de que no todo lo
que sabemos está comprendido dentro del entorno de nuestro cráneo,
nooo, ni siquiera en el contexto que demarca nuestra piel.

¿Me
está llamando pellejudo?

Faltaría
más, disculpe mi impertinencia. Lo que quería hacerle ver es que
cada vez más nos apoyamos en lo que hemos ido incorporando de fuera
para sustituir o rellenar las partes huecas de nuestro cerebro.

Como
rumanos, quiere decir, ¿cierto?

Bueno,
no exactamente, aunque también, que su contribución a la economía
de este país es muy meritoria, diría yo hasta esencial. Más bien
lo que quiero decirle es que con el programa LSD estamos empezando a
extender nuestra red neuronal más allá de nuestro cuerpo, o mejor
dicho, permitimos que nuestro sistema nervioso se habitúe y adapte a
encontrar las soluciones fuera de nuestra cobertura física.

Ahora
sí que no, esto…, ¿qué es lo que dice que hay ahí fuera?

No
ahí fuera en el sentido de fuera de esta empresa, entre comillas,
digo. Sino fuera de nuestro espacio físico, de lo que nos contiene,
de lo que nos delimita, de nosotros mismos, de las personas, de…

¿De
qué cojones me habla?

Perdón,
perdón, me he vuelto a dejar llevar por la emoción. Ya sabe.

No,
no lo sé, así que explíquese, que nos cuesta muy caro su tiempo.

Tenga
a bien seguro que no se arrepentirá de su inversión. Siempre
dejamos satisfechos a nuestros clientes.

Hummm…

Permítame
que le ilustre en nuestros principios. Usamos como axioma el
principio filosófico de Heidegger en el que postula la necesidad de
separar el sentido del ser del sentido del ente, ¿entendido?

No,
no te estoy ente-endiendo.

El
sentido heideggeriano del ser es constricto y eso es lo que determina
su entidad. Pero el hombre es más que eso, es la capacidad que tiene
de ser un ente abierto al mundo. Fue un pensador preclaro, y complejo
y posiblemente pervirtió su pensamiento llegando a acercarse
excesivamente al lado oscuro de cierta ideología.

Ah,
como en la Guerra de las Galaxias, ya lo pillo.

Bueno,
es posible. Es posible que el guionista de esta saga se ilustrara en
algunos de los escritos de este filósofo, tal vez. No lo había
pensado pero ahora que lo dice...

Si
es que yo me las he visto todas.

Sí,
sí. Bien, es evidente que Heidegger, aún desconocedor de los
principios fundamentales de la IA, ya se estaba adelantando a su
tiempo porque proponía que lo que define al hombre es su relación
con el mundo y así es como determina su existencia. Su “ser en el
mundo”.

Claro,
claro, como las enseñanzas del maestro Yoda. Por qué no ha empezado
por ahí.

Por
supuesto, tiene razón, ciertas analogías son mucho más fáciles de
entender si se ilustran con conocimientos compartidos. Y este es
justo el motivo por el cual, para superar retos realmente complejos
como es el mantenimiento de una planta acuícola, nosotros proponemos
que el cerebro, el cuerpo y el entorno con todas sus dotaciones
tecnológicas, se coordinen de tal manera que se extiendan al mundo
exterior.

¿Y
también nos podemos coordinar con los millones de peces que tenemos?

Tal
vez, tal vez. Permítame que le explique cómo hemos trabajado antes
de mostrarle los vídeos. Como humanos aceptamos los errores que
cometemos y los incorporamos a nuestros procesos diarios como algo
fundamental y propio, porque como lo hemos pensado asumimos que son
nuestros y están bien fundamentados. Sí, pero ¿ha sido realmente
así? Insisto ¿ha sido realmente así?

Insista.

Eh.

¡Qué
insista, coño!

Ya.
Retóricamente preguntaba si había sido realmente así, porque puede
que, en realidad, creemos que como lo hemos incorporado ya es cierto
porque ha sido conscientemente aceptado.

Pero
que inconsciencia.

Exacto,
lo ha pillado. Usted tiene poderes.

De
esta empresa, todos.

Ese
el el fundamento principal. Veremos, ilustrado por el trabajo
documental desarrollado por nuestro experto en análisis de la
conducta, como en la mayoría de los casos es así, y lo que
realmente ha sucedido es que ha sido inconscientemente aceptado
porque hemos usado herramientas externas, artefactos que se han
integrado tanto en nosotros que nuestra mente los ha configurado para
hacerlos suyos. Si no dudamos de lo que hace nuestra mano,
independientemente de connotaciones religiosas, tal vez incluso
sexuales, porque es parte de nuestro ser y entidad, tampoco dudamos
de aquello que de forma artificial se prolonga de nuestra entidad y
ser.

¿Será
posible?

Lo
es. Por eso nuestro programa LSD lo que busca es reconquistar nuestra
mente para de esta forma reducir los errores y el riesgo.

¿Sí?
¿Cómo?

Pues
muy sencillo. Con este aplicativo electrónico que,
experimentalmente, han llevado sus empleados siempre encima y en el
que han dictado nota de cuanto han hecho, e incluso mucho más, sin
saberlo, ya que se ha producido un efecto de corporalidad mediada.
Este aplicativo es el que da nombre a nuestro programa LSD, es el
Lobotomic Smart Data.

Los
dos operarios se quedaron mirando fijamente al extraño personaje que
paseaba, ausente y etéreo, por toda la instalación, pero sin hacer
nada por evitar que su presencia fuera manifiesta. Más bien al
contrario. Sin apenas inmutarse levantó su mirada, tercamente
dirigida hacia el aparato que sujetaba con firmeza entre sus manos y
los miró.

Los
ojos, hasta el momento achinados por el esfuerzo de enfocar la
pantalla a corta distancia, se agrandaron hasta extremos que parecía
que fueran a salirse de las órbitas. Requiriendo de un nuevo
enfoque, empezó un proceso de ajuste de las pupilas seguido de un
ligero balanceo del tronco, ahora sí que tenía cogida la distancia
y podía, con claridad, escrutar a los dos personajes que frente a él
hablaban entre ellos.


    Este individuo lleva un ordenador en la cabeza, es una máquina. Es
    increíble cómo soluciona los problemas. Tiene una intuición…


    Yo no le veo ningún ordenador en la cabeza, sin embargo eso que
    lleva entre las manos sí que me lo parece. Nunca se separa de él,
    siempre está conectado.

Los
dos operarios al ser observados de esa forma tan poco humana se
sintieron incómodamente desnudos. Como si dispusieran de un resorte
electromecánico se irguieron de una forma artificial y, con la
torpeza propia, mezcla de vergüenza y curiosidad, de un niño al que
sorprendes haciendo alguna trastada, volvieron a sus quehaceres, que
no eran otros que controlar la cantidad de alimento que las máquinas
distribuidoras habían depositado en los alimentadores del tanque.

Estaban
tan absortos que no fueron conscientes que en el entreacto de
observar y ser observados, más de la mitad del pienso se había
perdido. Con toda seguridad un dato erróneo y falso acabaría siendo
introducido en el sistema de gestión de la alimentación. Uno de los
sistemas más caros e inteligentes que estaba disponible en el
mercado. Como suele suceder en estos casos, tras la inicial
animadversión por la peligrosidad de la pérdida de algo tan
precioso y valioso como es el puesto de trabajo, se estaba
produciendo una comunión tecnológica de tipo ¿cómo podíamos
vivir sin esto?

Consecuencia
de este “error humano”, asumido con frialdad por el sistema
operativo basado en IA, la calibración y actualización de la dosis
de alimento quedaría fatalmente comprometida.


    No se le escapa nada. Dijo uno de los operarios nada más perder
    aquellos ojos auscultadores del cyborg humano. Seguro que mañana es
    capaz de dar con la solución a nuestros problemas.


    Ojalá, porque esto de no saber por qué no comen bien los peces a
    mi me está volviendo loco. Tanta máquina, tanta máquina y luego
    resulta que…


    Oye, que no se te olvide meter los datos en el chisme.

Lo
vieron alejarse de la misma forma en la que llegó, sin decir nada y
sin apartar sus ojos de la pantalla que llevaba como extensión de su
transfigurada forma biónica. Era consciente que despertaba
curiosidad y respeto.


    Dicen que tiene una intuición prodigiosa, que sólo con mirarte a
    los ojos ya sabe en qué la cagas.


    Qué bruta que eres. El otro día, cuentan, que no creas que yo soy
    una crédula simple, que sólo digo que dicen que al salir de la
    reunión con los jefes podía verse, por el color bermellón de la
    cara de algunos, quienes habían quedado en evidencia. Y, cuentan,
    que no creas… eso, que no era sólo uno.


    Es que lo que ese hombre tiene en su cabeza no hay máquina que lo
    posea.

La
aguja de la báscula digital conectada al servidor principal osciló
ampliamente sobre el número buscado, que aparecía justo debajo de
la imagen para indicar que ambos sistemas coincidían. La oscilación
se hizo más violenta consecuencia del verter descontrolado del
producto que estaban pesando. Esta respuesta presurosa, motivo de la
urgencia derivada del estado de tensión, se aceleró cuando vieron
cómo se iba acercando el hombre de las computadoras, como ya lo
habían bautizado

El
resorte animal que se activa cuando los niveles de dopamina superan
la normalidad, hizo que un inocente dedo acabara en la placa de la
báscula, evitando el incómodo movimiento de impedía ajustar la
dosis. Un leve movimiento del dedo, casi como si acariciara el plato
para eliminar una incómoda mota de polvo, hizo que se marcara el
peso exacto. Sonó la alarma indicando que era la dosis correcta.


    Anota, peso exacto.


    Anotado, ¿vamos con el siguiente?


    Vamos, y apura y concéntrate, que ya me veo aquí hasta las tantas,
    que nos queda mucho. Oye, ¿sabes cuando nos traen esa máquina que
    dicen que pesa sola? Es que ya estoy harta de que crean que los
    peces no se curan por nuestra culpa.


    No lo sé, pero no te olvides de poner los datos aquí también.

Anotó
que debía ajustar el algoritmo para incorporar el efecto que causaba
su presencia.


    Menudo follón acaba de tener con su novio. Se ve que no hay manera
    que ese cabrón la deje tranquila. Esta mañana la he visto entrar
    llorando, hasta temblaba. Le he preguntado que qué le pasaba y si
    podía ayudarla pero, justo cuando me iba a decir algo ha aparecido
    el capullo del ordenador y se nos ha quedado mirando fijamente.


    Qué impudicia, a mí me lo hizo el otro día, que parecía que nos
    traspasaba con un escáner.


    Cuando te mira así te entra una cosa…

Devolvieron
retadora la mirada al observador y dieron un brusco tirón, mezcla de
rabia y rechazo, al limpiador de fondo que sostenían entre ambas de
tal dicha que se soltó la manguera que conducía el agua sucia al
sistema de drenaje y haciendo que las salpicaduras fueran a parar a
los tanques de alrededor. Llegaron incluso hasta el silencioso
observador, que ni se inmutó.

Una
sonora risotada que se cortó súbitamente, impregnó por unos
segundos el silencio acuoso de la sala de alevines. Entre risitas
hipiadas y miradas furtivas pasaron a limpiar el siguiente tanque sin
cumplir con el protocolo de desinfección.


    Dale al botón del aparato.


    Ya le di antes, ¿acaso hay que hacerlo después?


    Ah, pues si tu le has dado antes y yo después… seguro que está
    bien.


    Y luego dicen que no lo hacemos bien.

No
debéis preocuparos porque con el programa que estamos a punto de
implementar, sabremos porqué y cuándo se producen los errores y así
prevenir y solucionar todos nuestros problemas. La tecnología está
aquí y ha venido para quedarse y ayudarnos. Por lo tanto no hagáis
caso del señor que veréis pulular por la instalación con un
ordenador en las manos durante los próximo días. Ni temáis dictar
todo lo que os solicitan en el aparato que os acabamos de entregar.

Seguro,
y nosotras nos lo creemos. Estoy convencida que todo aquel que sea
innecesario tendrá que encontrar otra cosa que hacer.

Yo
no me preocupo, será imposible que nos sustituyan por máquinas. No
en las tareas que requieren el uso simultáneo de habilidades para
afrontar las situaciones imprevistas.

¿Imprevistas?

Sí,
por ejemplo imagínate el paso de un individuo conectado a un
ordenador que te mira fijamente mientras tu estás realizando un
trabajo meticuloso, y de una importancia tal que un pequeño fallo,
un mínimo error, puede dar al traste con todo lo que se tiene que
hacer. Tranquila, que lo que hacemos nosotras no lo pueda hacer una
máquina, por muy robot que sea.

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