Buenas vibraciones

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Ilustración: «The tremendous» Susón Aguilera

Tras un
intenso año de trabajo en el que la reproducción del bacalao había sido su
único y exclusivo objetivo, la Dra. Fingersström se dijo que era el momento
adecuado y que se iría de crucero. Qué mejor forma de esperar la aprobación de
su nueva propuesta que en compañía de su amado y disfrutando de un lujo que no
podía ni imaginarse. Lo había organizado con meticulosidad y ya tenía comprados
los pasajes de lo que se anunciaba como el más romántico de los cruceros
bálticos. Cinco noches de lujo bajo la luz omnipresente del verano del norte.

Mientras
hacía la maleta no podía evitar sentir una acumulación de odio y rabia que le
venía causada por el hecho que, en el último momento y sin preaviso, su novio,
el Dr. Sluppström, la dejase plantada por una estudiante procedente de un país
sudamericano poseedora de unas virtudes tremendas.

Siguiendo
el consejo de su mejor amiga, Tǿkan Meemas, se propuso seriamente olvidar e
ignorarlo y nada mejor que hacer ese crucero en compañía del mejor invento que
se había hecho recientemente. Un artilugio en boca (y más) de todo el mundo y
del que su amiga le decía que moría por él.

Era el último modelo de vibrador.
Ergonómico y realista, un punto chic y sofisticado, vamos un lujo de placer.
Tanto despertaba la admiración (la publicidad ayudaba “Ideal para descubrir
nuevas sensaciones”) que no sólo estaba causando devoción entre las usuarias
sino que estaba acabando, de una vez por todas, con el mito masculino y la
necesidad de disponer de hombres.


Sigue en…

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